La ciudad autónoma española de Ceuta enfrenta horas de máxima tensión por la llegada de cientos de migrantes que intentan alcanzar el enclave a nado desde las costas de Marruecos. La situación desbordó los dispositivos de recepción y obligó al Gobierno a preparar recursos extraordinarios.
El miércoles, las autoridades recuperaron los cuerpos de dos hombres que murieron ahogados durante la travesía. Entre la medianoche y las 15, otras 117 personas fueron auxiliadas por la Salvamar Atria, de Salvamento Marítimo, y la embarcación LS Hipatia, perteneciente a la Cruz Roja Española.
El presidente de Ceuta, Juan Vivas, advirtió sobre el costo humano de estos cruces y señaló que durante los últimos meses fueron recuperados 60 cadáveres en el mar. En ese contexto, reclamó controles migratorios más estrictos para evitar nuevas muertes.
Los operativos involucran a la Guardia Civil española, Salvamento Marítimo y la Cruz Roja, cuyos equipos interceptan a los nadadores y los trasladan hasta la costa ceutí.
La mayoría de quienes intentan ingresar son ciudadanos marroquíes, aunque también hay un número reducido de argelinos que residían en Marruecos mientras buscaban llegar a Europa, según indicaron organizaciones humanitarias de ambos lados de la frontera.
Una parte importante de los recién llegados afirma ser menor de edad. De acuerdo con datos de las autoridades locales, se registran entre 40 y 50 casos diarios de personas que declaran tener menos de 18 años.
El Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) superó su capacidad y numerosos jóvenes permanecen en sus inmediaciones sin un lugar donde alojarse.
En las cunetas y laderas próximas al establecimiento improvisaron refugios para protegerse del sol. La ropa cuelga de los árboles y las bolsas se acumulan sobre el terreno, mientras los migrantes esperan una respuesta administrativa, comen cuando pueden y duermen a la intemperie.
Algunos presentan lesiones sufridas durante el trayecto. Mohamed Ouziad, de 24 años y procedente de Casablanca, mostró una herida en la espalda, mientras otro joven de 21 años tenía una rodilla vendada.
Hamza Sousi, también de 21 años y oriundo de Tánger, explicó que aguardaba una definición sobre su situación migratoria. Según relató su primo, residente en Ceuta, el joven había intentado en varias oportunidades regularizar sus papeles y llevaba varias horas sin recibir una comida completa.
Ante el desborde, la Delegación del Gobierno busca espacios adicionales para alojar a los adultos que no pueden ingresar al CETI. También pretende acelerar los traslados hacia otras regiones españolas mediante los mecanismos contemplados por la legislación.
