Cada vez más jóvenes se identifican psicológica o espiritualmente como animales no humanos en comunidades digitales que crecen al ritmo de las redes sociales. El fenómeno genera debate entre especialistas, educadores y familias sobre los límites entre expresión personal, construcción de identidad y bienestar emocional.
En los últimos meses comenzó a ganar visibilidad en redes sociales un fenómeno conocido como therians o teriantropos, personas que afirman identificarse espiritual o psicológicamente con animales no humanos, estableciendo una conexión profunda con especies como lobos, gatos o zorros, que consideran parte de su identidad personal.
El crecimiento de esta tendencia abrió un debate que excede lo anecdótico y plantea interrogantes sociales, culturales y educativos. Mientras algunos sectores promueven una mirada basada en la libertad de expresión individual y la construcción identitaria, también surgen posturas críticas que advierten posibles riesgos, especialmente entre niños y adolescentes.
Uno de los principales cuestionamientos apunta a la posible confusión entre juego, exploración personal e identidad permanente. Adultos y especialistas manifiestan preocupación ante la posibilidad de que algunos jóvenes pierdan referencias claras entre la realidad cotidiana y las dinámicas simbólicas que circulan en entornos digitales, afectando responsabilidades escolares o vínculos sociales.
Desde una mirada psicológica, algunos profesionales señalan que estas conductas podrían estar asociadas, en determinados casos, a situaciones de aislamiento social, dificultades en la autoestima o procesos de despersonalización. No obstante, también advierten que generalizar puede resultar simplificador frente a realidades individuales diversas.
Otra interpretación frecuente considera al fenómeno como una moda viral propia de la era algorítmica. Las redes sociales amplifican conductas, estéticas e identidades que encuentran rápida difusión, especialmente entre jóvenes que buscan pertenencia o reconocimiento dentro de comunidades digitales.
Desde una perspectiva biológica, el escepticismo también está presente. Críticos sostienen que la denominada “identidad animal” carece de sustento científico y la interpretan más como una expresión performativa o simbólica que como una condición real.
El desafío social parece situarse en comprender las nuevas formas de expresión juvenil sin ignorar las preocupaciones vinculadas al desarrollo emocional y social. Más allá de la polémica, el fenómeno invita a reflexionar sobre el impacto de las redes sociales en la construcción de identidad y sobre el rol de adultos, educadores y familias frente a cambios culturales cada vez más acelerados.
