El Colegio San Francisco de Asís comenzó a implementar una medida para regular el uso de celulares durante la jornada escolar y, a pocos días de su puesta en marcha, las autoridades ya observan cambios en la manera en que los estudiantes se relacionan durante los recreos.
La iniciativa forma parte del proyecto «Elegimos Estar Presentes en el aula y en la comunidad», que busca promover la autorregulación y el uso responsable de la tecnología entre los alumnos y toda la comunidad educativa.
El vicedirector del establecimiento, Guillermo Barrera, explicó que la decisión surgió luego de detectar dos problemáticas principales: las dificultades de atención durante las clases y distintas situaciones de maltrato y hostigamiento que se producían a través de celulares, redes sociales y grupos de mensajería.
Según explicó Barrera, algunos estudiantes utilizaban los dispositivos para sacar fotografías a compañeros y docentes, enviar stickers, realizar burlas y generar situaciones de hostigamiento dentro de grupos de mensajería. En algunos casos, estas situaciones continuaban incluso fuera del horario escolar.
«Queremos hablar de autorregulación y del uso responsable de la tecnología», señaló el vicedirector al explicar los objetivos de la iniciativa.
Los primeros resultados ya se observan en los recreos
Uno de los aspectos que más llamó la atención de las autoridades del colegio fueron los cambios registrados durante los recreos.
Barrera contó que, antes de la implementación de la medida, especialmente entre los estudiantes de primer año, era habitual ver a los alumnos salir al recreo concentrados en sus teléfonos.
«Todos salían al recreo, estaban todos encorvados, con la espalda doblada, mirando el celular y no se miraban entre ellos», describió.
Sin embargo, durante los primeros días sin celulares comenzaron a aparecer otras formas de interacción.
«Han llevado un juego de mesa en los recreos, han jugado las cartas, se han mirado, han conversado», relató Barrera.
Para las autoridades, estos primeros cambios representan una señal positiva y muestran que los estudiantes están recuperando espacios de encuentro cara a cara.
«Chicos de 12, 13 años que no se miran entre ellos, que no se vinculan, que no sepan de la vida del otro, que no conozcan prácticamente el rostro del compañero», había sido uno de los indicadores que preocupaba a la institución.
El celular puede ingresar, pero debe permanecer apagado
La medida no impide que los alumnos lleven sus teléfonos al colegio. Si la familia considera necesario que el estudiante tenga el dispositivo, puede ingresarlo, pero debe permanecer apagado y guardado dentro de la mochila durante toda la jornada escolar.
Durante la primera semana de implementación, la institución optó por no aplicar sanciones disciplinarias. En caso de detectar a un alumno utilizando el teléfono, el dispositivo era llevado a la vicedirección, colocado en una bolsa y guardado hasta que un padre, madre o adulto responsable se acercara a retirarlo.
Barrera explicó que el objetivo inicial no es adoptar una postura punitiva, sino generar un proceso de convencimiento entre los estudiantes.
«Queremos más bien que sea también un convencimiento de los jóvenes», sostuvo.
Según indicó, la respuesta de las familias fue mayoritariamente positiva. Los padres que tuvieron que acercarse al colegio para retirar los teléfonos, afirmó, en su mayoría felicitaron a la institución por la medida.
Una decisión que surgió después de varios meses de trabajo
La regulación del uso de celulares no fue una decisión tomada de manera improvisada. El colegio comenzó a trabajar sobre la problemática desde el año pasado y consultó a docentes, preceptores, equipo de orientación y familias antes de avanzar.
Uno de los principales objetivos fue lograr que los adultos de la comunidad educativa estuvieran convencidos de la necesidad de implementar la medida.
Barrera explicó que inicialmente existían dudas y temores vinculados con la reacción de los estudiantes, la ansiedad que podía generar la ausencia del teléfono y las dificultades para mantener la comunicación entre las familias y el colegio.
Finalmente, la institución decidió avanzar luego de un proceso de análisis y consenso.
«Queríamos que fuera una medida que una vez aplicada no tuviera problemas. No tuviera vuelta atrás», explicó.
El objetivo también es reducir el maltrato en redes
Otro de los motivos que impulsó la iniciativa fue la detección de situaciones de maltrato entre estudiantes que tenían lugar en espacios digitales.
Desde el colegio aclararon que no pueden afirmar que se hayan registrado casos de bullying en sentido técnico, pero sí identificaron situaciones de maltrato, hostigamiento, burlas, fotografías y mensajes ofensivos.
Según explicó Barrera, el equipo de orientación fue clave para detectar esta problemática y aportar información que permitió dimensionar el impacto que tenían los grupos de mensajería y las redes sociales en la convivencia escolar.
La preocupación no estaba solamente relacionada con la distracción durante las clases, sino también con situaciones que podían permanecer invisibles para los docentes y continuar fuera del establecimiento.
El uso pedagógico del celular continúa permitido
La medida tampoco significa eliminar el celular como herramienta educativa.
Cuando un docente necesita utilizar dispositivos móviles para una actividad pedagógica, puede hacerlo. Para ello, debe anticipar qué actividad desarrollará, qué tema abordará y qué aplicaciones utilizarán los estudiantes.
De esta manera, el colegio busca diferenciar entre el uso recreativo o inadecuado del teléfono y aquellas situaciones en las que la tecnología constituye una herramienta para el aprendizaje.
Además, la institución mantiene su plataforma de educación virtual, donde los docentes continúan cargando tareas y materiales para complementar el trabajo realizado en el aula.
Una experiencia que podría replicarse en otras escuelas
Desde el Colegio San Francisco de Asís consideran que la experiencia recién comienza y que será necesario evaluar sus resultados durante las próximas semanas y meses.
Sin embargo, los primeros indicios son alentadores para las autoridades: estudiantes que durante los recreos comienzan a jugar, conversar y relacionarse cara a cara en lugar de permanecer concentrados en sus pantallas.
Para Barrera, el desafío ahora es que los propios jóvenes comprendan que la medida no busca simplemente quitarles una herramienta, sino generar mejores condiciones para aprender y relacionarse.
«Estamos todos convencidos que esto es lo mejor para los jóvenes. Ahora falta el convencimiento de los chicos», resumió.
