En la tradición, los 65 años marcan el umbral de la jubilación, pero eso responde a normas administrativas y no a evidencia científica. La pregunta sobre cuál es la verdadera edad de la vejez resurgió tras un sondeo de la firma británica Seven Seas, que concluyó que un individuo se considera viejo desde los 69 años.
El estudio consultó a 2.000 habitantes del Reino Unido sobre cuándo perciben que empieza la tercera edad. La investigación, reproducida por medios como el Daily Mail, situó la cifra en torno a los 69 años, aunque los propios autores reconocen que la percepción varía según la edad y la generación de los encuestados.
Lo que muestran las encuestas sobre la edad de la vejez
Otro sondeo, esta vez entre jóvenes de la Generación Z, coloca el inicio de la senectud en los 62 años. En ese trabajo los participantes también señalaron que el deterioro cognitivo comienza alrededor de los 62, mientras que la dificultad para adaptarse a nuevas tecnologías se ubica antes, en aproximadamente los 59 años.
Las cifras cambian si se atiende a la edad de los interrogados: la Generación Z sitúa la edad de la vejez en 62,3 años; los millennials la estiran a 62,9; la Generación X la coloca en 64,4; los baby boomers la fijan en 67,3 y la Generación silenciosa la eleva hasta 71,8 años.
Debate y matices
Los expertos advierten que catalogar a alguien como ‘viejo’ depende de múltiples criterios: salud, capacidades funcionales y contextos sociales. El tope administrativo de 65 años es útil para sistemas previsionales, pero no refleja necesariamente cuándo aparecen limitaciones objetivas ni cómo se siente cada persona frente al envejecimiento. También influyen avances médicos y hábitos de vida.
Las conclusiones del sondeo de Seven Seas muestran que la percepción de la vejez es más una construcción social que un umbral fijo. Según los datos, cuanto mayor es el encuestado más tarde sitúa la vejez, lo que sugiere que la experiencia personal y los avances en salud demoran la sensación de ser ‘anciano’.
En síntesis, fijar una cifra exacta para la vejez resulta difícil: hay estudios que apuntan al 69 y otros que la acercan a los 62. Para políticas públicas y decisiones personales conviene atender más a la funcionalidad y el bienestar que a un número redondo en el Documento Nacional de Identidad.
